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El llanto de Delfino

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Tantas son las historias de vida que se pueden conocer cuando se escucha a la gente y tantos los aprendizajes que se van dado, que a veces no se sabe quién ayuda a quién; sin emitir una valoración moral se puede aprender a entender un poco el sufrimiento y el dolor de la gente. Cuando en San Egidio se dice que el amor se da a través de gestos concretos, se rompe con la barrera abstracta del ideal del amor y se pone en marcha de manera practica el amor de Dios, como un acto muy específico dirigido hacia alguien más.

Este año no ha sido la excepción, todo empieza en el adviento, tiempo de preparación espiritual para la venida del Señor, sin embargo, adicional a esto, la comunidad se prepara con sus pocas herramientas de vida pero con sus grandes fuerzas en la Fe como herramienta principal para preparar la comida de Navidad a miles de amigos en todo el mundo.

"Por qué nadie es tan pobre como para no ayudar a otro pobre"¹

Es sin duda de las frases derivadas del Evangelio que resultan enigmáticamente extraordinarias dentro de la comunidad, haciendo un poco referencia al óbolo de la viuda², que sin dar mucho, en comparación con lo aportado por los demás, dió todo lo que tenía y eso es lo que el Señor pide a sus discípulos y quiénes lo siguen, darlo todo por Él.

El dolor no puede desaparecer como un acto de magia, como algo que se borra después de un instante, como si pasáramos una goma sobre el dolor, pero en cambio, si puede ser contrarrestado con alegría; es ahí donde cualquiera, sin importar que tan pobre y débil sea, puede compartir amor y cariño, no ocultándolo, sino llevando alegría ahí donde hay dolor. 

Ya como historia de vida y anécdota personal, esta navidad de la misericordia (#MercyChristmas) se vió marcada de manera muy particular con el Sr. Delfino, un ancianito de lento caminar, octogenario de corona blanca a cuestas, mirada pasiva, rostro cansado, apoyado de un bastón metálico que lo acompaña paso a paso.

Me llamo durante el almuerzo de navidad:

 

-          César, hijo, ven - Una voz débil y un poco temerosa.

 

Llevó su mano a la bolsa del pantalón cuando me acerque y sacó su credencial de elector (así le llamamos al carnet de identificación en México) y me dijo:

 

-          ¡Es mi cumpleaños! Por favor, pónganme las mañanitas...

 

¡Me pidió de favor! ¡De favor! Qué le celebráramos.

El Papa Francisco habla de la cultura del descarte³, desechar no sólo aquellas cosas sino cosificar (degradar al grado de tratar como objeto o basura) a aquellas personas que nos resultan inútiles y no encuentro ahora mayor ejemplificación de esto, que la figura del señor Delfino.

¿Por qué un anciano de 81 años en Navidad, aún teniendo familia (carnal) tiene que ir ahí donde se celebra Navidad a gente de la calle, a los pobres? ¿Por qué el señor Delfino tiene que pedir que unos “extraños” le canten las mañanitas?

Una de las formas de pobreza en el mundo actual, es la soledad; la vejez y la enfermedad son más crueles cuando se viven en la soledad, la experiencia de la comunidad lo ha confirmado a través de los años y hoy se confirma una vez más.

Solo vi el nombre que aparecía ahí en el Carnet: “Delfino...”; al ver que era la hora del postre y que en varias mesas se servía, corrí a la cocina a preguntar que pastel para el postre no había sido cortado (dado que los pasteles que dona la gente para el almuerzo de Navidad se cortan en rebanadas para repartirlo como postre al terminar la comida) porque ya era la hora del postre y se empezaba a servir.

 

-          !Éste César!, éste aún no se corta - exclamó Doña Gloria, responsable de la cocina en el almuerzo.

 

llanto delfino 2

 

 

Tomé un pastel  de chocolate y lo lleve hasta la mesa del Sr. Delfino, a la par que se solicitaba a Hannia, de magistral voz y a Laura, su Maestra de canto (que ayudaron como unas excelentes cantantes de villancicos a animar el almuerzo de navidad) a entonar las tan conocidas mañanitas, que se acostumbra cantar en México durante el onomástico y que todo mexicano aprende a cantar desde muy jóven.

Fue un momento realmente conmovedor, de no tener a nadie que le celebrara, ahora Don Delfino tenía a más de 250 personas (entre invitados y voluntarios que se encontraban en ese momento) entonándole la canción que cantaba el Rey David (o al menos eso dice la letra de las mañanitas ¡jaja!); es uno de los tantos milagros de Navidad, de pronto se formó una gran familia alrededor de la mesa, todos cantando, todos celebrando, aplaudiendo, amigos de la calle, niños, ancianos, voluntarios, todos hermanos celebrando Navidad, el nacimiento de Jesús y al señor Delfino4, algunos se formaron para abrazarlo, posterior a la tradicional “mordida” al pastel.

Con lágrimas en los ojos, que recorrían sus mejillas y con una sonrisa de oreja a oreja, nuestro ancianito pudo celebrar su 81 aniversario, con un gran coro, que tal vez pocos en su vida hayan tenido la fortuna de tener, de pronto ese dolor se vió opacado por tanta alegría y fiesta; esos extraños se hicieron familia para celebrar y una parte de ese dolor se transformó en esperanza.

llanto delfino 3

 

Al terminar la comida, Don Delfino me dió la bendición, un gran abrazo y parafraseando sus palabras de agradecimiento indicó que jamás le habían celebrado de esta manera, que estaba muy contento y que había sido una decisión correcta el haber asistido al almuerzo de Navidad, también comentó algo que se me quedó grabado en la mente: que no sabía si contaría con vida para la siguiente Navidad pero que estaba enormemente agradecido por el festejo y era algo que recordaría hasta sus últimos días.

Esta Navidad de la Misericordia tuvo entre otras, esta historia de vida, lo cual debe dejar un poco a la reflexión y un poco a la acción sobre lo aprendido, frases como:

“tocar la carne del pobre”

del Papa Francisco cobran vida en situaciones específicas y es ahí cuando el milagro de la Navidad se da y se da de tantas maneras y tantas formas que responden al misterio de la vida misma y a la grandeza de nuestro creador.

Esta fue una pequeña anécdota de Navidad.

Y tú, ¿Dónde celebraste la navidad de la Misericordia?5

 

Agradecimiento Especial a Adrián Chavira y Miguel Ángel Vallas, voluntarios en el Almuerzo de Navidad, que enviaron tan increíble fotos.  

 

1 La comida de Navidad, Comunidad de Sant´Egidio, pag. 7

2 Del Evangelio de Lucas 21, 1-4.

3 Laudato Si, SS Francisco, Sobre el Cuidado de la Casa Común, 1 – 22

4 Jesus nos dice en Mateo 25: “cuanto has hecho a estos mis hermanos más pequeños lo has hecho conmigo”

5 Parafraseando a mi gran amigo Ugo Cianetti

 

 

 

Datos Bancarios

 

 Razón Social:   San Egidio, A.C. 
 R.F.C.:   SEG 120912 DZ7
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